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Modificar la Constitución Afortunadamente hay generalizada oposición a convocar una Asamblea Constituyente porque las constituyentes pretenden cubrir todos los temas habidos y por haber, afectando a grupos de interés, y se convierten en negociación de intereses en busca de consensos. Muy distinto es oponerse a que se modifique la Constitución parcialmente cuando alguna disposición tiene desfavorables consecuencias para el país. En cuyo caso, lo inteligente es reformar esas disposiciones mediante el proceso de enmienda establecido en la misma, lo cual exige aprobación de 2/3 partes del Congreso y ratificación por consulta popular. Las constituciones que han perdurado se han reformado por medio de enmiendas parciales y puntuales a través del tiempo, discutidas en forma ponderada, evitando cubrir muchos temas para evitar colocar a los ciudadanos en la situación de aprobar asuntos que no aprobaría por considerarlos dañinos, con tal de que se apruebe algún asunto de mayor interés contenido en el mismo paquete. En cuanto a si se debe o no cambiar las reglas del juego (la Constitución), resulta ingenuo seguir con reglas cuyos resultados dejan mucho que desear. Einstein dijo: "Locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes". Es cierto que muchos quienes saben nadar con éxito en estas aguas no querrán que se les cambie las reglas del juego, pero aún ellos no podrán negar que la mayoría de guatemaltecos no encuentran oportunidad de mejorar con las reglas existentes y se quedan pobres, o se van de mojados. Por ellos es que sí hay que modificar la Constitución. Podemos seguir con las reglas existentes, pero entonces no protestemos por la violencia ni la pobreza. Esos persistentes males se corrigen con un Régimen de Derecho que respete los derechos individuales, y un Poder Judicial con adecuados recursos para contratar a suficientes profesionales competentes. No es con más policías ni aumentando la severidad de las penas, sino logrando certeza de castigo, que se puede terminar la generalizada impunidad de los criminales. Es, por tanto, urgente garantizar recursos al Poder Judicial en forma certera y constitucional, como lo propone la Asociación proReforma. Sin esa modificación, no es probable parar la violencia. En cuanto a la pobreza. Ya es bien sabido que la pobreza solamente se reduce si los recursos del país se utilizan en forma económica, es decir evitando que la legislación cause desviación antieconómica de recursos y sus inherentes costos muertos. Es por ello que el Gobierno debe ser neutro en el mercado: ni favorecer a unos ni castigar a otros. Las distorsiones ocurren porque grupos de interés logran que se pasen leyes para favorecer sus ventas y ganancias, pero se pierden los beneficios de utilizar los recursos en actividades que por sus propios méritos económicos no necesitan de leyes. Para la eficiencia económica es necesaria la igualdad ante la ley, la ausencia de trato preferencial a unos a costillas de los demás. Es decir, un régimen de Derecho y no uno de simple legalidad. Hoy día ya sólo algunos ideólogos persisten en oponerse al ´nico sistema que incentiva -por interés propio- a todas las personas a beneficiar a los demás, de acuerdo con las prioridades de los demás y no de las propias. Ese sistema se basa en la protección de derechos de propiedad legítimamente adquirida y su intercambio pacífico; se llama Economía de Mercado y es contradictorio pretender dirigirlo, pues dejaría de ser mercado en el cual son las mismas personas quienes deciden qué hacer con lo propio. Sin estos cambios, el país seguirá igual, pobre y violento. Por ello debemos apoyar la propuesta de proReforma. |